Presupuesto Participativo de Cultura – Alcaldía de Medellín
Ilustración de la portada: casa de tapia con puerta azul verdosa, agave y plantas de la montaña, con una persona de pie tras la puerta entreabierta

Novela

Tan
cabuya
fue

Francisco Cárdenas Rojas

Cruza la puerta

En una casa de tapia que se desmorona, Esperanza teje cabuya en la oscuridad. Nadie compra lo que hace. Aun así, persiste. Entre sus manos permanece un oficio que el mundo dejó atrás.

Durante generaciones, la cabuya sostuvo una región. Con ella se hicieron cargadores, sogas y casas. Hasta que llegó la máquina.

A través de ocho voces que atraviesan un siglo, Tan cabuya fue vuelve sobre quienes hicieron, heredaron y perdieron ese mundo. Hay cuerpos que se quiebran, hijos que se ahogan y una máquina que convierte en ruina un oficio construido durante generaciones.

Cuando todo parece perdido, una casa sigue en pie. Un torno permanece. Un cargador vacío cuelga de la pared. Las voces de quienes estuvieron allí aún resuenan.

Y queda alguien que todavía sabe tejer.

Edición impresa 5 de noviembre de 2026

Esperemos. Mientras, aprende a los pececitos, sus modos. Al agua los suyos. Todo es tan importante. Todo es necesario. Aprende del viento sus movimientos: el viento es movimiento. De la arena la dureza, y el calor húmedo. De los árboles la permanencia. De las piedras la duración. Aprende a ser agua, sol, peces, árboles. De cada cosa irás a necesitar su sabiduría. Pero antes, sábelo, tienes que aprender la paciencia. Ella es la puerta de entrada a todas las otras.

— Mario Escobar Velásquez
I

Santa Elena, décadas atrás

Dolores

Era tanto ruido

El ronroneo ocupó la madrugada. La penumbra arrastró un pie hacia el pedal de hierro. Las manos tomaron la fibra sin mirarla. … Tomasito habría cumplido dieciocho. Una cuenta que Dolores llevaba en los huesos.

II

Santa Elena, presente

Esperanza

Quedó sola

Vivo sola en esta casa que antes respiraba a seis personas. Setenta cosechas segadas urdieron el talante en mis huesos. … Cuando todo era tanto ruido de tornos. Antes del otro bullicio que cambiaría todo.

III

Santa Elena, la llegada del motor

Roberto Mejía y Fernando Atehortúa

Llegó motorista

El Ford azul trepó por la carretera destapada. El fragor del motor golpeaba las laderas de Santa Elena. … El motor que estalló en Santa Elena ya no callará.

IV

Santa Elena, los cimientos

Santiago Cardona

Se hizo piedra con piedra

La neblina llega cada madrugada. No es bruma alzada, sino sustancia que lo cubre todo. … La casa empieza por abajo. Si la base está mal, todo lo demás sale mal.

V

Medellín, la vejez del carguero

José Luis Cardona

Cuánto pesaba

Me agacho para amarrar los cordones. El espinazo truena. … No es el que más fuerza tiene. Es el que mejor sabe acomodar la carga.

VI

San Ignacio, 1925

Soledad Mejía

Se rompía

Primero se rompió el hilo. No el que tenía entre las manos cuando empezaron los dolores. … No importa que hiles mal. Escucha la fibra.

VII

Santa Elena, el corte final

Fernando Cardona

La cortaron toda

Las máquinas callaron el martes después de San Pedro. Dejaron un hueco sin retorno. … —¿Y ahora qué hacemos? —Ahora vivimos.

VIII

La casa de tapia, fuera del tiempo

Tomasito

Vagido

La casa de tapia respira en la oscuridad con aliento de muertos. La miro desde el agua, desde el lodo. … Bienvenido aquí, dicen. Bienvenido a casa.

Nota liminar

Antes de empezar

Las voces, los gestos y las memorias que atraviesan este libro nacen en Santa Elena, al oriente de Medellín, a partir de una investigación personal sobre la cabuya. Ese oficio sostuvo durante décadas un pulso bajo, constante, tejido en la respiración de la región, y hoy permanece reducido a un rumor que se aferra a las manos que aún lo sostienen.

De mujeres hilanderas y hombres cabuyeros aprendí esto. El saber no se dice. Se encarna en la acción. En ese hacer se deposita una dignidad sobria y un silencio compacto que no reclaman explicación.

A mi editor Jaime Zapata Villarreal, sensible y riguroso, le debo más que correcciones. Su lectura fue compañía y resistencia. Supo atender sin irrumpir aquello que pedía permanecer intacto.

A quienes compartieron recuerdos, archivos y tiempo, mi gratitud, esa que no entra en inventarios ni deja rastro en los archivos. Este texto no es homenaje ni denuncia. Es un ejercicio de escucha frente a aquello que aún persiste.

Epílogo

Investigación y datos

Las ocho voces anteriores narran desde adentro. Lo que sigue las mira desde afuera: la cronología del oficio, el camino del carguero, tres lecturas de datos y las herramientas que no encontraron capítulo propio.

El oficio en diez estaciones

Ficción narrativa, no registro histórico: solo 1925 corresponde a un hecho fechado en la novela.

Los primeros años

Inicio de la memoria

Las primeras hilanderas fijan el gesto del pedal y la tensión justa del hilo en Santa Elena. Aquí empieza, en la ficción de la novela, la memoria que el libro reconstruye.

1925

Muerte de Soledad

Soledad Mejía muere hilando su última madeja en San Ignacio. Es la única fecha de esta cronología que corresponde a un hecho fechado en el texto.

La generación siguiente

Nacimiento de Esperanza

Nace quien décadas después quedará como última hilandera de la vereda, heredera de un oficio que ya empezaba a apagarse.

La industrialización

Llega la máquina desfibradora

El motor reemplaza en una tarde lo que treinta años de manos habían perfeccionado. «Llegó motorista» narra esta llegada.

El quiebre

Ruina de la familia

La caída del mercado de la cabuya golpea a la familia Cardona. Empieza el declive que narran los capítulos finales.

La migración

Las hijas se van a Medellín

Las hijas parten a estudiar y trabajar a la ciudad. En la vereda queda quien decide sostener el oficio.

El fin de los cultivos

Ruina de los cultivos

Los últimos cabuyales se cortan. «La cortaron toda» narra esa tarde: quince años de crecimiento contra un segundo de hierro.

El presente que resiste

Última madeja hilada

Frente a la ventana, la última hilandera de la vereda sigue tejiendo madejas que ya nadie compra.

El hallazgo

Encuentro con la memoria

Entre la mecánica del torno aparece una nota escrita décadas atrás. La fibra más fuerte, dice, es la que no se ve.

Hoy

Memoria de la última hilandera

De esta memoria que se niega a desaparecer nace la novela Tan cabuya fue.

Capítulo V · Cuánto pesaba

El camino del carguero

Santa Elena — La Palma — Guarne — Medellín. Ochenta kilos a la espalda y una montaña de por medio.

Tres lecturas de la familia cabuyera

Transmisión del oficio

Red familiar y social alrededor del hilado de cabuya: cómo el conocimiento se transmite de generación en generación, y dónde se rompen los hilos.

Herramientas documentadas

Objetos con setenta años de trabajo en las manos, parte del proyecto de recuperación de memoria de don Guillermo León Vásquez, historiador cultural empírico y silletero de Santa Elena.

El carrizoSepara las hojas maduras del fique sin herir la planta madre. Conserva filo bajo el óxido, memoria del gesto que ya no se repite.
Cabuya lavadaDel río a las manos. Agua fría entre piedras planas. La fibra sale limpia, lista para transformarse en hilo.
El taller de cabuyaRincón donde aguarda el torno. Donde la electricidad nunca alcanza y la modernidad parece detenerse.
El torno de hilarEl mismo objeto, heredado de generación en generación: de Soledad a Dolores, de Dolores a Esperanza.
La máquina desfibradoraMotor de hierro que desmenuzaba la cabuya. Multiplicó la producción y desplazó las manos que sabían hilar. La misma máquina reaparece, dos décadas después, en ruinas junto a la quebrada La Honda.
El hilo que durabaHilo que no se rompe, sin nudos, que no engaña al comprador. El mismo temple con que Teresa tejió el cargador.
Planta de fiqueFibra nacida de plantas que crecen solas en potreros abandonados. Quince años de neblina tomada para alzarse, y apenas un segundo de hierro para morir.

Créditos

Quiénes hicieron este libro

AutorFrancisco Cárdenas Rojas

EditorJaime Zapata Villarreal

IlustraciónSandra Trujillo

Diseño editorialCristian Guauque

Tan cabuya fue Francisco Cárdenas Rojas · 5 de noviembre de 2026